El Síndrome de Acumulación Compulsiva

Cuando hablamos de que alguien es un acumulador compulsivo, no nos estamos refiriendo a  una persona que no tiene tiempo de organizarse  y a la que las tareas de la casa, la ropa o los papeles se le amontonan.

Tampoco  hay que confundirlo con el Síndrome de Diógenes,  en el que parte de lo acumulado suelen ser basuras,  que está asociado a algún tipo de demencia y  en que las personas que lo sufren suelen vivir en un estado de dejadez importante.

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El Síndrome de Acumulación es  una patología que afecta al 4% de la población mundial.   Consiste en guardar  gran cantidad de cosas en casa (u otros espacios)  “por si algún día resultan necesarias”.  Pueden ser objetos que parecen ser inútiles o no tener ningún valor. El  problema, es que el exceso que va acumulando es tal,  que dichos objetos llegan a llenar por completo todos los espacios del hogar,  entorpeciendo cualquier actividad normal, y el uso racional de la vivienda.

Podemos pensar que alguien padece este síndrome cuando la dificultad para deshacerse de  cualquier cosa se hace evidente.  Establecen un vínculo emocional con todo aquello que guardan, y  el pensar en deshacerse de ello, les resulta doloroso y les crea una gran ansiedad. El ambiente en el que viven suele ser caótico, ya que poner orden resulta casi imposible,  y agobiante, porque es imposible moverse sin tropezar con algo.

Su vida social  se suele ver afectada.  Por vergüenza, acaban por no invitar a nadie a su casa. En su fuero interno, son conscientes de que la situación no es normal (de ahí su rechazo a recibir visitas), pero les cuesta mucho aceptarlo, reconocerlo. En lo que respecta a su trabajo, y trato con otras personas fuera de su ambiente, en todo, su comportamiento es absolutamente normal.

El desorden y  la acumulación de objetos (suelen ser libros, cajas, ropa, bolsas, etc.), acaban siendo una amenaza para la propia persona y para aquellos que conviven cerca (higiene,  incendios,   tensiones familiares, etc.).

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La intervención,  en estos casos, de un consultor en organización y decoración de espacios es fundamental.

Ante todo,  la persona afectada, debe estar dispuesta a intentar solucionar el problema La idea es empezar organizando el caos. Juntos, una o dos veces a la semana.  Durante el proceso,  es el propio individuo quién toma conciencia de que hay que ir desprendiéndose de algunas cosas, y lo hace sin ansiedad, y sin dolor. Todo lo contrario, con alivio.

Es  imprescindible que sea la persona afectada quién realice la tarea. Que alguien recoja ese espacio y lo limpie, no servirá de nada: en poco tiempo, volverá a estar igual. Hay que respetar sus decisiones y tomarse el tiempo necesario, sin perder nunca el objetivo de vista, ni eternizar el proceso. Los resultados son espectaculares y altamente satisfactorios, tanto para el individuo como para su entorno.

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